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la vie à maruata

  • Karla Solís
  • 7 ene 2019
  • 4 Min. de lectura

No sé cómo han pasado los días. La primera regla era olvidarse de todo; desconexión era la palabra.

Subí al autobús, tome el celular, borre todo lo que me permitiera estar cerca. Exacto. Quería un borrón y tal vez un cuento nuevo.

Último viaje del año.

En el camino, dormí. Pegue la cabeza a la ventana como un primer paso de querer que el viento se lo llevara todo para despertar sin nada. No se logró, pero me sentí más ligera.

El camino hizo los recuerdos más pequeños.

Estábamos a punto de llegar. De nuevo el azul, de nuevo ese horizonte inalcanzable.

¡Llegamos al bendito pacifico!

Pequeñas casas, cultura pura, marcas de un pasado natural, sonidos de una lengua que abraza al mundo, colores de mi México. ¡Hola bahía de Maruata!

El tiempo comenzaba a escaparse, como casi siempre, cuando apenas se empieza a respirar. ¿Por qué cuando más felices estamos todo pasa tan rápido? ¿Será que la vida se escapa en las olas?

De prisa, coloquemos nuestra casita cerquita del mar, de prisa paco, vamos a llenarnos de mar. En un segundo mire y paco corría a la velocidad de la luz para alcanzar la vida que se escapa entre las palmeras. ¡Corre, mi amor! Que nadie te alcance.

El primer día se tomaba con té, con calma. El plan; mis alas y sus patas tenían la tarea de exprimir cada cm de maruata y terminar en lo más alto antes del atardecer. Como casi siempre.

¡Lo logramos! Estábamos justo ahí, en un rinconcito de tierra, mirando de nuevo el atardecer al ladito del pacifico. ¡Qué rico son los días entre mar y montaña, que rica la vida, que rico el viento, que rico todo!

Unos segundos ahí y ya brillábamos, apagamos las luces del mundo, nos concentramos en esos rayos de sol, ¡qué bonito alumbran la vida!, generan paz y felicidad, ¿lo han sentido?, ¡qué bonito es ver ponerse morena a la tierra!

No pude evitar mirar a paco cada 30 segundos y pensar en lo maravillosa que ha sido mi vida, gracias a él. Le da un sentido muy especial a todo lo que hago, todo tiene forma y razón si estoy con él, solo quería abrazar cada momento, exprimirlo bien, que no quede nada y todo adentro. Llenarnos de todo.

Pasaron los días en esa maravillosa bahía…

Paco conoció a su amigo burro, le compartió su pan, lo ignoro después y al final creo que le cayó poquito mal. Pero lo olvido cuando vio a un par de gallinas, (lo vuelven un poquito loco) después entendió que la arena no es amiga y que puede entrar a cualquier parte del cuerpo, lo entendió muy tarde, antes de quedar un poco ciego. Cada mañana era un buen momento para meditar debajo de una palmera y tomar la vida perra con calma. Paco lo sabe todo, a mí ya no me pregunta nada, sabe que al ladito del gigante azul se debe caminar con calma, si intentas correr… la ola te alcanza, también lo entendió bastante tarde, después de mojar sus hermosas patitas de princesa, que por cierto más tarde tendrían un kilo de arena en cada una. Así es la vida perra de paco, un sinfín de aprendizajes y consecuencias. Pero, así le gusta vivir, descubrir y estar en cualquier lugar.

Seguían pasando los días… nos dimos cuenta de que éramos el viento; descansábamos entre las montañas, gritábamos con el mar, disfrutamos nuestro propio caos, tocábamos todo sin atar, mirábamos con libertad, corríamos sin plan, estábamos sin llegar… Amando con toda libertad.

Maldita sea, ¿con cuantos besos y abrazos se detiene el tiempo?

31 de enero del 2018…

De nuevo, olor a sol. De nuevo, al ladito del sol. ¡Ultimo sol del año!

365 días para llegar a ese momento; ver brillar el caos de estar vivo, la constante lucha, los momentos, lo compartido, lo vi vi do.

Era el momento; quédate en pausa, Karla, vamos, en pausa y solo vamos a recordar que hoy estamos vivos, que no importa el cómo y por qué estamos aquí, hoy estamos aquí, rodeados del hoy, del bendito presente. Y que estas en compañía, de dos seres que tuvieron que pasar por miles de momentos en sus vidas para llegar hasta aquí.

Adrián y Paco, compañeros del camino. Hoy 3 almas reunidas para ver un espectáculo que nació hace miles de siglos, mucho antes de que nosotros pudiéramos imaginar existir.

Gracias vida por regalarnos estos espacios de sabiduría y al tiempo por dejarnos crecer, gracias a todo lo que nos permite hoy ser.

El atardecer como la vida, efímera…

Paco, dile adiós a la luz gigante, hazlo como te enseñe… alza tus patitas y dile que estamos bien, que seguiremos creciendo, volando alto entre montañas, que seguiremos grabando paisajes en nuestra memoria, que seguiremos abrazando árboles y le diremos siempre Hola, durante cada mañana a la maravillosa oportunidad de estar vivos. ¡Venga paco!, también mándale un besito al sol, también invítale un pedacito de tu pan mañanero. Dile que mañana aquí, como siempre, en la hora y en el mismo lugar.

Gracias 2018.

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Karla Solís
Viajera, amante de la naturaleza y los animales. 
Una fiel admiradora de los cambios que construyen 
nuevos mundos.

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