Caminando como semilla, dando vida como una flor
- Karla Solís
- 12 dic 2017
- 6 Min. de lectura
Durante una lluvia de estrellas, hace más de mil años fue descubierta la tumba del apostol Santiago el mayor, en Santiago de Compostela y desde entonces, compostela sería el lugar que atraería las huellas de los caminantes y donde se dice inicio la construcción de Europa.
El camino de Santiago reúne a casi 300 mil peregrinos cada año, alrededor de todo el mundo, es sin duda una de las rutas de peregrinación más grandes del mundo.
El camino de Santiago conecta a muchos países de Europa con España, hay diversos caminos para elegir, entre ellos lo más conocidos son; camino del norte (cruzando la costa norte de España, siendo este uno de los caminos más hermosos por sus hermosas vistas hacia acantilados), camino primitivo el que separa Asturias de Galicia ( el camino original y el más antiguo) por donde caminó el primer peregrino; Alfonso ll. Camino francés que como su nombre lo menciona conecta Francia con España, (pasando por castilla y león, siendo esta una de las rutas más difíciles por el calor y lo llano de este camino), Camino portugués conectando Portugal con España, camino inglés, pasando por toda la costa coruñense, así como; el vía de la plata conectado el sur de España con Santiago de Compostela, el camino de invierno y aragonés, entre otros.
El camino de Santiago puede ser para muchos una ruta de peregrinación, para dar gracias al apostol mayor, pero para otras personas como yo, el sentido de este gran camino es totalmente distinto. Ya que es una ruta que te abre sus puertas para experimentar, compartir, conocer y conocerte. Caminar más de 900 km para llegar a Santiago, es un trabajo sobre todo mental, ya que te invita a la reflexión constante, pero te invita sobre todo a vivir cada kilómetro y abrir tu mente y hacerte consciente de lo que eres capaz.
Recorrer un país caminando, es una experiencia increíble, que te llena de momentos, aventuras y experiencias que no puedes vivir en otra parte, te llena de libertad, te hace sentir más humano con la sociedad, con el mundo pero sobre todo como especie.
Hace unos meses mi mascota y yo, recorrimos casi 1000 km para llegar a finisterre (fin de la tierra y el principio del cielo), pasando por distintos caminos como el del norte, conectándolo con el camino lebaniego y después con el camino primitivo hasta llegar a Santiago y desde ahí, hasta finisterre. Emprendimos esta maravillosa experiencia juntos, caminando cada día, la vida.
¡Qué curioso! ¿no? Caminar la vida…. así fue, cada día caminamos un promedio de 40 km diarios por un mes. Todos los días nuestra única tarea era preparar nuestra mochila y salir a caminar.
Caminamos por la mañana, por la tarde y por la noche, acompañamos todos esos movimientos increíbles de la tierra, caminamos al compás de ella, le dábamos la bienvenida al sol, comíamos con el, platicamos tantas veces con el que lo aburríamos y muchas veces teníamos que darle las buenas noches, en su ausencia llegaba la luna y la empezamos a interrogar, nos presentó a sus amigas y empezábamos a platicar con cada estrella, esas que cada noche nos guiaban hacia la ruta del día siguiente.
Caminamos por bosques, nos perdimos en ellos, aprendimos a medir la sabiduría de los árboles, entre pasos y abrazos gigantes. Entendimos la importancia de su existencia y paco, entendía que no solo sirven para hacer del baño. Estoy segura de que aprendió incluso más que yo y pudo platicar con cada uno de ellos. Los mejores compañeros de nuestro camino. Nos abrazamos mucho.
Amanecimos muchas veces con el mar, amanecimos rodeados de azul y tranquilidad. Jamás pensé que mis pasos tuvieran la misma fuerza que el mar, cada ola pisaba tan fuerte la tierra como nosotros. Imagine cuanto tardaba un ola en llegar hasta la tierra, cuantos mundos cruzaría, y me imagine a nosotros dos, cruzando mundos, caminando tan lejos de casa, volando océanos, compartiendo la vida con seres de países tan lejanos al mío. Imaginaba cuanta magia existía para hacernos coincidir en un mismo camino hacia el mismo destino. Cuanta fuerza existe en esa magia que nos hizo cruzar muros, océanos, desiertos, guerras y cielos.
Caminar es un lenguaje que va más allá de pasos y un mismo camino como tal. Caminar es sentirte, mirarte, caminar es ver tu propio camino, es admirar tu lucha como especie, como humana, como ciudadana de este planeta. Es hablar con cada espacio que habita dentro de ti, y conectarte con cada uno de ellos. Conectarte, conectarse, conexión. Esa increíble unión entre tu alma y la vida en todas sus formas.
Caminar es el mejor camino, caminar crea mundos, te crea a ti mismo en cada uno de ellos. Todos los días… caminas un mundo distinto, cada km no es el mismo de ayer, cada km se acompaña de aventura, dolor, satisfacción, desesperación, locura, amor, vida, preguntas, respuestas, coraje, sabiduría, intuición. En el camino; todo se cruza, todo coincide, todo está ahí para compartirse y crear-te.
La magia fue inmensa, me destruyo, y me gustaría decir que me construyo, pero no, eso me toca a mí, durante cada uno de mis días. El camino me hizo volver a empezar. Volver atrás, sacudir, quitar polvo, desenmascarar, me hizo enfrentarme. La evolución como todo, está en mi fuerza y en el camino que pinte para ella. El camino de Santiago solo es un ruta, llena de montañas, senderos, arboles, peregrinos, historias, piedras, plantas, mar, animales, pueblos, flechas, tierra, carreteras, vida en toda sus formas. Solo es eso… una ruta, un cruce de caminos. El cómo vivir ese maravilloso camino está en ti. Y en la maravillosa historia que quieras contar.
Paco y yo, nos acompañamos. Decidimos ir juntos y poder mirar el mapa algún día y decir… “ese pedazo de mundo lo caminos tu y yo”. Poder mirar el mundo y verlo cada vez más pequeño, cada vez más sabio, cada vez más real. Entender como especie; que no somos de un solo lugar, entender que hay tantos caminos en el mundo, que nos conectan, para que por fin; nos miremos, podamos sentir que todos estamos en la misma lucha; vivir. Entender que el mundo es nuestro hogar y la verdadera riqueza es la magia que juntos podamos crear.
El camino de Santiago, me enseño entre tantas cosas, a mirar el mundo como un camino. En el cual, no puedes parar, tendrás que saber decir adiós y continuar, tendrás mil horas para llorar, reír, bailar, correr, cantar, gritar, abrazar, amar, odiar. Y solo tú sabrás como el camino se vuelve más ligero, más suave, más limpio, más humano, más real. Entendí que soy la única que puede decidir la dirección de mi camino, la rapidez, el cómo y por qué vivirlo. Entendí que la decisión más absurda es no continuar. Entendí que el parar y regresar, son espacios para abrazar el alma y entender aún más tu misión. Conocí al reloj de mi alma, aprendí hacer sintonía con cada órgano de mi cuerpo. Conocí mis colores, conocí el olor de cada uno de ellos, conocí mis propios lenguajes, aquellos que van más allá de las palabras. Aprendí a tocar con mi alma, la sintonía de la vida. Aprendí a contar historias con mis pasos. Entendí que cada día tengo que ver menos para poder creer.
David, un chico que ha dedicado gran parte de su vida a ser luz y hogar, para muchos peregrinos, me dijo una de las cosas más lindas que escuche: “el camino es un viaje compartido hacia uno mismo”. Comprendí entonces, que la verdadera magia, consistía en compartir y crear un pequeño minimundo para cada una de las personas con las cuales compartí mi camino. Y mi mayor logro a mis 23 años, ha sido haber lograd caminar con aquel ser, que me ha construido, me ha alimentado, me ha dado color, me volvió semilla… para que caminando con el, vuelva a ser flor y fruto.
La maravilla de tus sueños, es poder contarlos y que se conviertan en tus mejores recuerdos.
Y me llena de profunda alegría, poder compartir con todos ustedes, esta travesía que toco y atravesó mi alma. Un historia que recordaré, incluso en el último segundo de mi existencia.
Gracias a quienes se metieron en mi alma, y decidieron acompañar nuestros pasos.
Gracias Ana, Sebastián, Julián, David, Abuelo Peuto, Lorenz, gracias al masajista de Maradona por hacerme caminar y seguir como los grandes. Gracias Johan por hacerme conocer a un monstruo de guerra y regalarme una de las mejores sonrisas. Gracias amigos por todos esos encuentros mágicos y regalarle siempre tanto amor a paco. Gracias a todos aquellos que cuyo nombre no recuerdo pero con el corazón aún abrazo. GRACIAS SIEMPRE. Estarán en mis mejores recuerdos.
Gracias incluso a esa religión que ignoro, pero que construyó el mejor camino de mi vida. Pero sobre todo, gracias al autor de todo esto; Paco, el mejor compañero de mi vida, has sido mi lenguaje, mi forma de comunicarme con mi mundo, con lo ajeno, con mi miedo, con mi paz, con mi incertidumbre, con todo aquello que conozco y aquello que aún le cierro la puerta. Gracias paco por hacerme caminar, por darme voz, fuerza, sueños, y mucha vida.
Gracias a mí misma, por permitirme darme otra oportunidad desde aquel momento que paco y yo nos rescatamos. Y juntos cambiamos el sentido de nuestra existencia.
Y sobre todo gracias a ti, por leerme y por seguir dando motivos para abrir estos hermosos espacios de lectura y comprensión para este mundo, que nos necesita.
El Camino de Santiago, es entonces; el camino de muchas vidas, muchos encuentros, muchas historias. En el cual te conviertes en el único responsable de tener una buena historia que contar. Es, entonces: El camino de la vida.
















El camino de la vida.